Terapia psicológica
para sentirte mejor
Acompañamiento psicológico para personas sensibles, exigentes, con dificultad a desconectar de sus propios pensamientos, las cuales están atravesando un proceso de sufrimiento emocional y se han olvidado de tratarse con la misma amabilidad que ofrecen a los demás.
Aquí no tienes que poder con todo. Aquí puedes parar, entenderte y empezar a cuidarte desde un lugar más amable, más real y más humano.
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Entenderte, sostenerte y transformarte
Cada proceso es único, pero todos tienen algo en común: empiezan cuando decides escucharte de verdad, atender lo que necesitas y darte el cuidado que mereces.
Te acompaño en distintas áreas:
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Lo que puedes conseguir en terapia
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A lo largo del proceso, no solo atenderemos lo te produce dolor, sino también aquello que necesitas construir para conectar contigo y vivir con mayor bienestar.
Manejar situaciones estresantes
Que generan ansiedad
Sentirte segura de ti misma
Sin necesidad de cambiar
Relacionarte de forma sana
Contigo y con los demás
Identificar, comprender y expresar
Tus emociones
Sentirte capaz
De tomar tus propias decisiones
Aprender a transitar
momentos difíciles
No se trata de ser más fuerte
sino de ser más tú
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Mi trabajo no consiste en cambiar quién eres, sino en ayudarte a comprenderte, sostenerte y relacionarte contigo desde un lugar más seguro y respetuoso.
Acompaño a personas que atraviesan momentos de malestar emocional, bloqueo interno o sensación de desconexión consigo mismas, ayudándoles a recuperar la calma, fortalecer su autoestima y encontrar la forma de ser coherentes consigo mismas.
Un proceso terapéutico es un camino. Y no tienes que recorrerlo sola.
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Hola, soy María
Soy María Puche, Psicóloga General Sanitaria, y llevo más de 10 años acompañando a personas en sus procesos emocionales.
He trabajado con más de 400 personas que, en algún momento, sintieron que no podían más… y poco a poco aprendieron a sostenerse de otra manera.
Pero antes de acompañar, también viví mi propio proceso.
Siempre fui una persona sensible. Durante mucho tiempo pensé que había algo malo en mí, que sentía demasiado o que debía esforzarse por encajar. Aprendí a exigirme, a intentar poder con todo y a creer que mi valor dependía de lo que hacía y no de quién era, esto influía en la forma en la que me relacionaba conmigo misma y el resto del mundo.
Este camino me enseñó que no necesitamos convertirnos en alguien diferente para sentirnos mejor, sino aprender a relacionarnos con nosotros mismos de otra manera y a conocer qué necesitamos realmente.
Hoy, ese es el lugar desde el que acompaño a mis pacientes.
Colegiada CV15192
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